Reflexionando con Da Vinci, el escritor


Reflexionando con Da Vinci, el escritor 

Ítalo Violo Villalobos 

Todos conocemos al gran Leonardo como el magno genio de la pintura, no solo de esta sino de las artes en general en las que destacó como arquitecto, escultor, tallista, platero, anatomista, mecánico e inventor. Fue tanto su talento que, en su juventud, habiendo ayudado a su maestro Verrochio a realizar un cuadro para los religiosos de San Salvi, en el que se representaba a San Juan bautizando a Jesús, realizó con tal maestría y belleza a un ángel que opacó el resto de la obra, tanto así que su maestro sintiéndose avergonzado desde ese día dejó para siempre los pinceles.

Pero Leonardo hizo más que eso, también destacó como músico y escritor. De lo primero solo nos queda la referencia de sus biógrafos, de lo segundo nos legó sus originales en papel. Lo interesante es que no se nos ocurre pensar en él como músico o escritor, siendo esta última una de las causas por la que tenemos conocimiento de su ingenio y la mejor razón por la que hemos llegado a conocer cuan amplia fue su obra. Fue notable su interés en transmitir el conocimiento adquirido a las nuevas generaciones, sus bocetos, diagramas e ideas nos llegan porque hizo uso del mismo esmero para plasmarlas en papel que para luego concretarlas en magníficas obras. Primero tinta y papiro, luego óleo y pigmento, mármol, plata, hierro o madera; mucho talento acompañado de trabajo superlativo en cada detalle.

Quien esto escribe en nada ha de compararse a Leonardo sino en que ha de mostrarse como admirador suyo, cuyo ejemplo ha de servirle para ser más esmerado en su trabajo. Habiendo incursionado en áreas similares, solo un leve roce en lo que hizo aquel grande lo dejará siempre como alumno poco destacado. Sin demeritar el trabajo propio sino colocando esta propia limitación como la medida del talento recibido que será perfecto en la medida que dé lo mejor de lo que tiene.

De esta misma forma se puede mirar o leer a otros escritores cuyas brillantes ideas nos dejan pasmados y no nos queda más opción que admirarlos. Sin embargo, parecen quedar condenados al anonimato, a una fama local o limitada a cierto grupo de lectores dada la convergencia en una determinada filosofía o creencia, idioma o raza, arte u oficio. Solo unos pocos gozan de la ansiada universalidad, la cual nunca puede ser desdeñable ya el ego del artista lo hace considerarse realizado como tal cuando recibe el aplauso del público que conoce su obra.

Otra razón es que quien se dedica a la escritura desarrolla otra profesión por la que es más conocido, tal pudiéramos mencionar a grandes dignatarios que han dejado una obra universal que sobrepasa a sus escritos, sin embargo sus pensamientos son repetidos sin percatarnos de que hicieron pródigo uso del arte de la escritura.

Nos parece que los más tristes son aquellos que habiendo obtenido su fama por ser artistas vocales que cantan canciones que otros escribieron y tararean melodías que otros músicos han compuesto, o políticos que dictan discursos prediseñados por sus asesores. Estos y aquellos, por ejemplo, hacen uso del negro literario, el cual puede hacer nacer brillantes ideas de quienes destacan por un oficio que nada tiene que ver con la escritura ni albergan suficientes luces en sus mentes para dejar un verdadero legado a la humanidad, sólo la moda del momento y el interés económico de las editoriales los lleva a estar en el Top Ten de las ventas.

Se nos ocurre otra reflexión, ya que divagamos sobre este tema: aunque Leonardo se ocupó en escribir como maestro del arte, como literato nos dejó algunas fábulas y leyendas además de su interés por las profecías también escribió sobre otros temas como la cocina, la cual fue su gran afición, reiteramos que no lo recordamos como escritor. Al mirar a quienes son tenidos como grandes y premiados literatos nos encontramos que son en su gran mayoría quienes se dedican al acto creativo de novelar, a relatar cuentos e historias ficticias que, no obstante contengan un mensaje universal y se sustenten en la realidad, se desligan de la verdadera realidad. Como buscando una respuesta planteamos esta idea. Al parecer, el escritor de no ficción tiende a quedar relegado en ese camino a la inmortalidad.

Reflexionando aun más sobre Leonardo y su obra, yo como pintor advenedizo, “ingenuo” se dice en mi país, y que tratando de ilustrarme he leído muchos consejos sobre el mencionado arte y estudiado algunos cursillos, al leer su “Tratado sobre la Pintura” encuentro que 500 años después sus consejos siguen siendo tan útiles hoy como cuando los escribió, con la añadida ganancia de que sus escritos están respaldados por el legado de una obra depurada y sublime. No sé cuánto mejorará mi escritura y pintura después de apreciar tan magna obra pero contemplar tanto talento, creatividad y singularidad acompañados de esmero, cuidado y diligencia no podrá dejar sino una honda huella en mi forma de trabajar. Igual deseo para quien entienda el mensaje transmitido por estas líneas.

Un último pensamiento me viene a la mente, sin dejar de recordar a Italo Calvino que nos dice en su reflexión sobre Por qué leer a los clásicos “que ningún libro que hable de un libro dice más que el libro en cuestión”, encontrarme con los escritos de Leonardo Da Vinci como maestro de pintura y permitirme contrastarlos con quienes quieren enseñar lo que él en su momento hizo (quizás de mejor manera) dejando al descubierto principios fundamentales, “principios” por ende inalterables, no obviando que hay muchos avances en el conocimiento desde ese entonces, me hace meditar en por qué nos afanamos tanto en cuánto o qué dice tal o cuál teólogo o escritor sobre lo qué es la voluntad de Dios y el significado de tal o cuál enseñanza o la doctrina correcta cuando tenemos la verdadera fuente que se interpreta a si misma, la Biblia, cuya verdad es inalterable, firme como una roca, cuya perfección nos invita a avanzar en el conocimiento de ella. Entendemos que su búsqueda se completa al conocer a Jesús, el Salvador, y se amplía al concedérsenos la eternidad para adueñarnos de ella y estudiarla hasta llegar a la plenitud del conocimiento.

Italo Violo Villalobos, pintor y escritor de Venezuela

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios enriquecen este blog, y a las personas que lo leen. Te agradezco por tus aportes. Sin embargo, ten en cuenta que para que se publique lo que comentas debes indicar tu nombre (no se publicará ningún mensaje anónimo), y no debe aparecer ningún enlace a alguna página, número de teléfono, o dirección. Además, no se publicará ningún comentario con tinte ofensivo, homofóbico, discriminatorio, insultante o irrespetuoso. Todo lo demás, es bienvenido.