Hablemos de escritores y escribientes. Ítalo Violo



Hablemos de escritores y escribientes

Ítalo Violo
Escritor y artista originario de Venezuela

Manuel Antonio Caballero, historiador, periodista, docente y escritor venezolano que tuvo cierta notoriedad en mi país, cuando se le entrevistaba corregía a su interlocutor diciendo de si mismo que era un escribidor, no un escritor. Quizás, más bien, por modestia, no osaba igualarse a ningún escritor de renombre. Otro escritor, Luís Alberto Machado, quien en su momento fuera ministro del gobierno de Venezuela y candidato presidencial, en su libro “La Revolución de la inteligencia”, según veremos más adelante, aclara la diferencia entre quien es un verdadero escritor y un escribiente, en realidad reflexionó sobre el acto creativo, entre lo falso y lo verdadero, lo original y lo simulado en cualquier área u oficio.

Yo no seré tan modesto como para hacerme llamar escribiente o escribidor, sólo escribo y he tenido algunas ráfagas de creación como cualquier mortal. Estas, mis ideas, las creo propias, aunque me mienta el subconsciente porque quizás las tomé de alguna parte sin haberme dado cuenta. Esto me lleva a recordar a un escritor que me pidió que le revisase el manuscrito de su último libro, el cual ya había pasado por varias manos de profesionales novatos que lo habían mejorado poco. La labor se me hizo ardua para corregir los errores y vicios que se multiplicaban línea tras línea, tuve que hacer numerosas anotaciones recomendándole muchos cambios como el de no mencionar el título del libro casi a cada párrafo ni citar sus propios escritos una y otra vez; recordando al lector en alguna ocasión que, además de sus títulos académicos y su posición en la iglesia que dirige, es escritor.

Habiendo tomado tal trabajo como ejercicio para incursionar en el campo de los correctores, terminé la primera porción de la obra deseando leer otra cosa que me devolviese la inteligencia. Vino la segunda parte que inició con algunas líneas con el mismo tedio. De pronto me encontré con un texto depurado y elegante sin cacofonías ni vicios del lenguaje e ideas excelentemente terminadas pero con abruptos tropiezos cada cierto párrafo. Así hasta el final.

Tratando de no ofenderle, envié de vuelta el manuscrito a su autor diciéndole, que es buena práctica citar las fuentes de donde se toman las ideas. En realidad no me molestaron su mala ortografía ni su desmejorado estilo, el mío es tan solo un poco mejor. Si tenía algo importante que decir valía la pena echarle un empujoncito para hacer realidad su sueño. Pero no pude perdonar de ese escritor que para completar su libro se apropiase de ideas ajenas para hacerlas pasar como propias. Mi respeto hacia su autoridad como fuente de ideas y ejemplo moral se esfumó para siempre…

Esta experiencia me conectó con otra; un amigo vino cierto día de visita y me encontró con el pincel en la boca. Pintaba un cuadro. Siendo que envío mis pinturas al extranjero para ser evaluadas, él me preguntó “¿Cómo saben ellos que eres tú quien pinta los cuadros?” Tuvo que irse de inmediato y no pude responderle que así como cada persona tiene su propia huella digital, cada artista deja la suya en cada obra. No existen dos en el mundo con una misma pincelada, con una misma forma de manejar el martillo o de darle forma a las ideas. Nada de esto se escapa a la lupa escrutadora ni al ojo experto. Aunque empecé a escribir hace relativamente poco, así como he aprendido que el estilo de cada pintor es único, el ejercicio de repasar una y otra vez mi creación ha aguzado mi sentido crítico haciéndome capaz de identificar en ocasiones el cambio de ritmo y estilo de un escrito. Por ello he entendido que es una viveza tonta escamotear ideas ajenas y doy por sentado que cualquiera que sepa de letras me pillará si hago lo mismo.

Siendo que Luís Alberto Machado pudo expresar mejor que yo lo que deseo expresar más adelante, dejaré que él se ocupe de la segunda parte de este artículo, eso sí, entre comillas y dándole merecido crédito:

“Y en cuanto a los artistas y a los científicos, no creo que posean ninguna vocación específica, sino la de ser artistas y científicos.

No hay químicos y biólogos: hay científicos.

No hay poetas y novelistas: hay escritores.

No hay escritores y pintores y músicos: hay artistas.

Y científicos y artistas son lo mismo: creadores.

Y a unos y a otros los impulsa la misma vocación: la vocación de crear.

La grandeza de Velázquez no radica en pintar como Velázquez.

Son miles los que pueden pintar como Velázquez y, como Velázquez, aun mejor que Velázquez.

Cualquiera puede copiar a Velázquez.

Incluso el mismo Velázquez.

La grandeza de Velázquez está en haber inventado la "velazquicidad".

Es entonces y sólo entonces cuando es creador.

Después ya no hace sino copiarse a sí mismo, y por tanto, pasa de ser un pintor a ser un pintante.

Hay escritores y escribientes.

Escritor es el que, estableciendo nuevas relaciones, transforma las realidades y las palabras.

Escribientes es el que copia de otro, de sí, mismo o de la realidad, por perfecta y meritoria que pueda ser la copia de esa última.

Hay dibujadores y dibujantes;

Compositores y compositantes;

Ejecutores y ejecutantes;

Actores y actuantes...

El escribiente comprende las reglas del lenguaje; el escritor, las de la vida.

Hay quienes tienen una gran facilidad para escribir y, sin embargo, no son escritores. Y es muy frecuente el caso de grandes escritores con grandes dificultades en su oficio, a quienes les sucede lo mismo que a Beethoven: más de una vez pensó que no servía para músico- y eso antes de que le comenzaran los problemas de audición- , porque le costaba demasiado.”*

*Machado, Luis Alberto: La Revolución de la Inteligencia, Editorial Seix Barral, Barcelona 1975, versión web,http://www.abajocadenas.com/Libros-Archivos.htm consultado el 24 de abril de 2012.

Links de interés:

Manuel Caballero: http://viajero1957.blogspot.com/2010/12/manuel-caballero-barquisimeto-05121931.html

Ítalo Violo: https://sites.google.com/site/pintoresconlabocayconelpie/nuestros-artistas/italo-violo-villalobos

1 comentario:

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