¿Será ésta la señal que falta?. Ítalo Violo

Ítalo pintando uno de sus cuadros
¿Será ésta la señal que falta? 

Ítalo Violo 

Un sábado estuve de visita en la iglesia Adventista Central de Cantaura, una pequeña ciudad al oriente de Venezuela. La misma está muy bien ubicada a lo alto de la calle. Al estacionarnos frente a ella nos separan unos 4 metros de altura para acceder al patio que a su vez nos lleva a un salón trasero donde se realizan los cultos en tanto que se termine de construir el nuevo templo. A medio hacer, revela una estructura hecha con esmero que dará como resultado una hermosa edificación que hará sentir sano orgullo a los hermanos que se reúnen cada sábado para adorar.

De verdad, tenía deseos de asistir al lugar desde hacía un buen tiempo, no solo para rendir culto a mi Dios sino para saludar a mis hermanos, mi familia en Cristo. Cuando pasaba raudo en el vehículo que me llevaba a otro lugar, el anhelo escondido se expresaba en mis ojos que no podían dejar de mirar aquel lugar de culto, reflejaban la envidia sentida hacia aquellos que podían subir y bajar las empinadas escaleras sin ninguna dificultad…

Norelis, mi hermana en Cristo, cuidadora y asistente integral se bajó del vehículo mientras yo esperaba en su interior. Subió al recinto y regresó con varios varones, jóvenes y adultos, ancianos o diáconos, no sé yo pero me saludaron muy afablemente. Tras las instrucciones dadas por mi acompañante, me tomaron entre dos, me colocaron sobre la silla de ruedas y luego de varios tropiezos cuatro de ellos me cargaron escaleras arriba.

Ya eran las 9: 30 y los sonidos provenientes del interior nos hizo saber que la Escuela Sabática estaba en su apogeo, la sonrisa dibujada en mi rostro expresaba mi gozo por el privilegio de poder asistir en ocasión del decimotercer sábado y la culminación de la campaña evangelística que se había estado celebrando en la ciudad. Al acercarme a la puerta pude percatarme que mi silla de ruedas no era lo suficientemente angosta para atravesarla.

—¡Parece que quedaré fuera! –dije para mis adentros.

Los hermanos, que intentaban complacerme, de muy buena gana me llevaron al otro extremo del pasillo y me pasaron por otra puertita que a duras penas me dejó entrar. Después de haber interrumpido la reunión y haber movido media docena de asientos quedé casi en medio del pasillo obstaculizando la visibilidad de quienes quedaron detrás de mi silla de ruedas.

Habiéndome olvidado de esos pequeños inconvenientes disfruté con sentido entusiasmo de las actividades presentadas por los niños, fue un culto dirigido por los niños de la iglesia. Al final un joven misionero hizo un ferviente llamado que nos hizo llorar y reflexionar por lo que me sentí agradecido de haber estado allí ese día.

Al terminar, quise conocer la nueva construcción y pedí que me llevasen hasta allá. También en esta ocasión fue necesario el concurso de cuatro hombres para acceder al futuro templo. Después de observar un rato llamé al encargado y, entre otras cosas, le dije:

—Hermano, las nuevas leyes exigen que las edificaciones públicas cuenten con accesibilidad para personas con discapacidad…

Haciendo una retrospectiva desde mi bautismo hace 37 años atrás, he hurgado en los rincones de mi mente y de tantos templos que he visitado en todo ese tiempo, recuerdo una sola silla de ruedas rodando por sus pasillos, la mía.

¡No! No recriminaré a nadie. Yo fui un autovalente al igual que quienes asisten con regularidad a los cultos; de igual forma yo no sabía que esas personas que ahora llaman “personas con discapacidad” existieran. Es decir, las ignoraba porque no había tenido la oportunidad de confrontar esta situación.

Mientras escribo recuerdo mi época de estudiante cuando hice de colportor para pagar mis estudios. Fui junto con mis compañeros de trabajo a la Isla de Margarita, Venezuela, y unos hermanos adventistas nos dieron hospedaje durante esa vacación, pasaron los días y estrechamos relaciones en tanto disfrutábamos los desayunos de arepas y pescado.

Una mañana, después de muchos días, me quedé en casa. Descubrí un habitante que no conocía; la señora de la casa me sorprendió cuando levantó la cortina de una habitación y sacó una destartalada y maloliente cuna con un chico de unos 10 años en su interior que sufría de parálisis para bañarlo.

Mi mente juvenil se impresionó al ver aquello mas no pudo discernir todas sus implicancias; sólo ahora, muchos años después, puedo entender con claridad aquella terrible situación.

A partir de aquí no sé como continuar mi escrito, pero sí quiero expresar mi arrepentimiento por haber ignorado una realidad que está entre nosotros, la de una iglesia que excluye a quienes se cree de ellos que no pueden ni tienen cómo…

Esta es una realidad reconocida por el Concilio Mundial de Iglesias: el hecho de que la iglesia (entiéndase ésta como el conjunto de denominaciones cristianas que la comprenden) es altamente discriminante para con las personas con discapacidad. Teniendo en cuenta que la iglesia refleja en su interior los males de la sociedad encontramos que aunque numéricamente debería haber un porcentaje similar de miembros con discapacidad al que está representado en las estadísticas, la realidad es que lo que se hace patente es su invisibilidad. Hemos palpado que mientras la mayoría de nuestros hermanos disfrutan de los cultos, muchos de ellos tienen en sus casas a familiares que están solos en el cuarto de atrás y otros desfallecen en los cuartos oscuros sin nadie que les predique y les devuelva a la vida.

Estimado hermano escritor, si me has leído hasta aquí quiero pedirte un favor, dedica unas líneas de pensamiento para llamar a la conciencia de nuestra iglesia con la intención de que tome iniciativas para que las personas con discapacidad sean integradas a ella, iniciativas que además de exhibir la gracia divina se traduzca en acciones, que sean vistas no como cargas sino como quienes tienen potencial para enriquecerla con sus talentos y apresurar Su venida.

Siendo que el conocimiento de la verdad es progresivo ¿será que no hemos profundizado suficientemente para descubrir el lugar que ocupa la labor misionera a favor de las personas con discapacidad en el cumplimiento del mensaje profético de Mateo 24:14? ¿No será ésta una señal del fin del tiempo? ¿La señal descuidada? ¿La que no depende de lo que ocurra en el cielo sino en nuestros corazones y de nuestro accionar? Así lo veo yo cuando recuerdo a los convidados a la gran cena que rechazaron la invitación y el padre de familia ordenó: “Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos”. Después de que el siervo cumplió con su cometido y reportó con satisfacción: “Señor, se ha hecho como mandaste y aún hay lugar”, el Señor insistió: “Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar para que se llene mi casa…”» (Lucas 14: 21-24).

Acerca de mí: Un accidente automovilístico me dejó tetrapléjico hace trece años y cambió mi oficio de técnico en refrigeración al de artista, escritor y activista social. Siendo que hay un sinnúmero de teólogos capaces de desmenuzar un texto de las Escrituras para darnos luces sobre cualquier tema y otros con facilidad para las letras; yo, como escritor de temas bíblicos o literato quizá no tenga demasiado que aportar. Pero a través de esta condición de discapacidad he descubierto el llamado de Dios para tratar un aspecto que históricamente ha sido descuidado y la oportunidad de hacer un llamado a fin de que la iglesia se ponga a tono con los cambios sociales y no se quede atrás en este devenir, que tome en cuenta a este grupo que representa al menos al 10% de la población mundial, unos 700 millones de personas, tanto en su labor de misericordia como en su función restauradora, para devolverles la dignidad e incluirlos dentro de la obra de salvación. Si alguna satisfacción, si alguna ganancia pretendo, es la de escuchar los ecos de diapasones que vibren en la misma frecuencia que el mío.


Ítalo Violo. Escritor y artista venezolano. Ítalo es cuadrapléjico. Pinta con un pincel apretado a su boca y de la misma manera escribe. Un gran ejemplo para seguir. Si alguien quiere conocer más de sus obras puede acceder a http://violo.artelista.com/


1 comentario:

  1. Parece interminable, la lista de los excluidos, es tiempo de despertar de nuestra pretención de ser los "pueblo escogido" y pensamiento medieval y actuar como un verdadero oasis, en medio de la sociedad.

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