Escribir como “arte” o el “arte” de escribir. Miguel Ángel Núñez


Escribir como “arte” o el “arte” de escribir 

Miguel Ángel Núñez

A menudo recibo cartas de personas que me dicen que les gustaría escribir, invariablemente mi respuesta es “escriba”. No se convierte una persona en escritor sino escribe. Esperar que llegue la inspiración, como una musa, que invada nuestra mente y nos de las palabras exactas que hemos de escribir es no sólo ilusorio, es simplemente, una forma burda de acercarse a la escritura.

Recuerdo cuando asistía a cuanta conferencia de escritores y de vida literaria  podía, con ansias para encontrar la fórmula que me permitiera verter en el papel las ideas que pululaban en mi mente. Con cierta nostalgia evoco las noches en el Instituto Cultural Chileno-Francés en Santiago de Chile, con las tertulias literarias, donde escritores conocidos y otros en ciernes iban a exponer sobre sus obras; o el Goethe-Institut, donde solían venir exposiciones de escritores alemanes, o la Sociedad de escritores de Chile que solía reunir a los interesados para platicar con escritores y poetas.

No recuerdo cómo comencé a anhelar escribir, sólo sé que desde niño jugaba con las palabras, leía con pasión y, a diferencia de otros niños, mientras ellos jugaban a perseguir una pelota yo soñaba con la lectura y las añoranzas que aquello me provocaba. Me emociona evocar el día en que mi madre entró a mi habitación y me vio enfrascado en un libro de Julio Verne y me dijo:

—¿Por qué no sales a jugar?

Yo sólo le sonreí. Ella se sentó al lado de mi cama y me preguntó:

—De verdad te gusta leer.

—Si mamá, mucho más que andar corriendo.

Ella sólo me sonrió, me tocó la cabeza con cariño y se fue.

Al otro día cuando llegué del colegio y la saludé ella me miró con un cierto aire de misterio y me dijo:

—Te tengo una sorpresa en tu pieza.

Fui corriendo y cuando llegué no podía dar crédito a lo que veía. Al lado de mi cama había una pila de libros, de diferentes tamaños y colores. Libros que nunca había visto, me senté en el suelo a mirarlos uno por uno, mientras llegó mi madre y me miraba sonriendo.

—Son para ti.

Le agradecí efusivamente. Lo que no hice fue preguntar en ese momento de dónde salieron esos libros. Éramos una familia pobre, que no tenía dinero para darse lujos, así que años después supe que mi madre había visitado al Tío Paulino, un viejo amigo de la familia, y le había rogado que le regalara libros para mí. Así fue como comencé mi propia biblioteca. Aún guardo algunos de esos ejemplares, especialmente las novelas de Julio Verne y las obras de Salgari.

Un escritor se forma, pero para que se desarrolle necesita estímulo, pasión, entusiasmo, y trabajo. No se llega a ser escritor sin esfuerzo y lecturas. Es preciso luchar con la palabra, leída y escrita. Ampliar los horizontes de las lecturas y no dejar nunca de escribir. No se construyen grandes obras de la noche a la mañana, todo escrito va procedido de procesos de maduración.

No se nace escritor, se llega a escribir en un proceso de aprendizaje, análisis, reflexión, laboriosidad y constancia. Quien no quiera trabajar para escribir, entonces, absténgase. No es su camino.

Autor: Miguel Ángel Núñez (Chile). Filósofo, teólogo, educador y escritor. 
Ha escrito 60 libros de los cuales ya se han publicado 54. 
Escribe constantemente para publicaciones periódicas y sitios web.

1 comentario:

  1. Casi lloré. Pienso que escribir es parte de la condición poética del hombre...todos queremos escribir, pero es verdad que algunos son mas talentosos que otros. El regalo del don es inevitable. Pero aparte de eso, del hecho de que todos puedan escribir, quiero decirle que me conmovió lo "domestico" de su relato y lo profundo de lo cotidiano...del amor de nuestros padres...de esas cosas enunciadas por ellos pero jamas comentadas por nosotros, pues eramos niños, y que quedaron en nuestra mente. Una vez mas la prueba que la motivación amorosa trasciende el tiempo y nos hace mejores y buscar a Dios de una manera simple y llana pero profunda.

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